La Hora de la Verdad para el Diseño

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Cualquiera sea el ámbito o tópico, hoy somos testigos de cómo nuestra sociedad demanda honestidad, transparencia y relevancia para cualquier iniciativa que afecte a nuestro país, sea pública o privada. La asociación gremial a la que re­presento cumple 23 años promoviendo el valor del diseño y, por cierto, liderando una lucha incansable por relevar su aporte estratégico y económico al desarrollo de otras industrias. Y aunque esta verdadera cruzada esté aún lejos de terminar, nos dimos cuenta que este en­foque no basta. Hoy también nos exigimos ir un paso más lejos y empezamos a conectar al diseño con otros desafíos de Chile, buscando por primera vez alineamos con las exigencias y nuevas demandas de la sociedad y de nuestra economía. Hoy empezamos una nueva etapa en nuestra Asociación: queremos incrementar su alcance, su relevancia y conexión con el entorno. Por eso hoy nos hacemos llamar “Chile Diseño”, porque estamos convencidos de que si miramos un poco más allá de nuestro oficio, podremos articular mejor a nuestra industria con los desafío sociales, culturales y económicos de Chile, pasando de un histórico rol reactivo, a un desafiante espacio de pro-actividad y por qué no soñarlo, de protagonismo. Este es el primer desafío para aportar al presente o a este momento “de la verdad” en que vivimos como chilenos. El diseño tiene la capacidad de trabajar en ambientes colaborativos, multi-disciplinarios (o anti-disciplinarios si se prefiere) y orquestar propuestas capaces de aportar soluciones innovadoras, para cualquier problema en que sea necesario una reflexión diferente y honesta. Es muy fácil contestar bien la pregunta equivocada. En cambio, el buen diseño siempre busca entender la esencia
de un problema, por eso esta disciplina no se trata sólo de “revestir” productos o servicios, también es acerca de procesos, metodologías y, sobre todo, de una profunda observación y comprensión para contestar bien, ahora sí, la pregunta correcta. Pero para lograr ser un aporte significativo, el diseño debe dejar de presentarse sólo como un proveedor más y replantearse como un verdadero catalizador de procesos de innovación en todos los sectores productivos. Ahora, cuánto aporta el diseño a la visión y valor de una industria, está directamente relacionado con el modelo imperante: un país que apuesta por un modelo de desarrollo basado en la explotación de comodities, no reconocerá en el diseño más que un aporte puramente estético y ornamental. Ese es el espacio donde el diseño se sub-valora y deprecia, ya que se aleja de los espacios de decisión y su aparición en los procesos de desarrollo de nuevos productos se retarda. Esto marca el desafío para el futuro del diseño. Si logramos evolucionar hacia una economía que base su crecimiento en la competitividad y en el fomento de la capacidad de desarrollar productos y servicios innovadores, con alto valor agregado, encontraremos en el diseño un aliado fundamental.

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