Drupa: La sostenibilidad en las artes gráficas

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Por:  Laurel Brunner

Laurel BrunnerLaurel Brunner trabaja en la industria de las artes gráficas desde hace más de treinta años. Empezó su carrera como contable de una imprenta londinense, pero se aburrió y decidió viajar. Vivió de lleno la revolución de la autoedición en California, en la empresa Seybold, donde tuvo un papel crucial en la creación de los congresos Seybold. A lo largo de los años, ha desempeñado su actividad en los ámbitos de la preimpresión y la edición, sobre todo en el segmento digital. En la actualidad, es la directora general de Digital Dots, consultoría que ofrece servicios de asesoramiento y formación en todo el mundo. Laurel colaborar con varios grupos de trabajo de la ISO y es la coordinadora del grupo de trabajo número 11 de la ISO, que desarrolla normas relacionadas con el efecto de las tec-nologías gráficas ‒soportes incluidos‒ sobre el medio ambiente. En este sentido, la norma ISO 16759 publicada en julio de 2013, permite medir y calcular la huella de carbono de los soportes de impresión. Laurel ofrece servicios de consultoría y redacción a un abanico amplio de editores, fabricantes y asociaciones sectoriales. Sus textos aparecen regular-mente en publicaciones y sitios web de todo el mundo. Además, es una conferenciante habitual en eventos del sector en Norteamérica, Sudamérica, Europa y Asia. Laurel también ejerce de profesora invitada en la Shenzen Technical University (China) y es una de las mujeres distinguidas con el galardón Women of Distinction que otorga el editor estadounidense de contenidos Output Links. Asimismo, Agfa Graphics le concedió el premio Sustainability Award por su trabajo en favor de la sostenibilidad, mientras que la ATGM, asociación indonesia de las artes gráficas, también ha distinguido su labor.

Los problemas económicos, la amenaza de las nuevas tecnologías y el futuro incierto han contribuido a generar una crisis de confianza en la industria de la impresión. Si a eso le añadimos que las expectativas del mercado y las preferencias por los soportes cambian rápidamente, tenemos un sector que lleva varios años sin levantar cabeza. Pero las cosas van a cambiar. La impresión se está reinventando para volver a ser un sector en ebullición, una industria fuerte en el mundo de las comunicaciones multicanal.

Años de confusión han obligado a los impresores a perfeccionar sus herramientas, minimizar las mermas y maximizar la automatización y la eficacia de los procesos. La gestión optimizada de los procesos y el empleo de recursos renovables pueden hacer de la impresión un medio muy sostenible y efectivo. La concienciación medioambiental está animando a los clientes preocupados por el entorno a volver a confiar en la impresión.

Dinámica complicada

Las fuerzas que dan forma a la industria actual de las artes gráficas y a su sostenibilidad son complejas y a menudo confusas tanto para los impresores como para sus clientes. Entre estos factores, se hallan los soportes electrónicos, la innovación tecnológica, los modelos de negocio multicanal, la normativa medioambiental, la economía global y unos consumidores de medios cada vez más móviles e interactivos. Según InMobi, empresa desarrolladora de plataformas de publicidad móvil, los consumidores dedican al móvil un asombroso 37% del tiempo que pasan consultando medios. Las marcas internacionales, por supuesto, están explotando esta tendencia. Mark Fellows, de McCann, una agencia publicitaria internacional, ha trabajando con IKEA para imprimir gráficos especiales en vez de códigos QR en los catálogos de la multinacional escandinava para “activar contenido adicional al escanear símbolos especiales con un dispositivo móvil.” Al leer dichos símbolos con el móvil, se abren páginas web de IKEA que ofrecen ideas de decoración y otros productos.

Sin embargo, los nuevos medios, las innovaciones en el ámbito de la tecnología digital y las expectativas medioambientales pueden generar incertidumbre en el mercado. Para muchos impresores, invertir en un entorno como este puede ser arriesgado, así que se muestran cautos mientras investigan nuevas maneras de hacer negocios con las herramientas digitales que pueden servirles para atender las necesidades de los clientes. Los impresores que triunfan son aquellos que adaptan el negocio para ayudar a los clientes a aprovechar todos los canales y conciliar los objetivos comerciales y medioambientales.

Un problema de todos

Las respuestas a corto plazo a la tan cacareada concienciación ecológica no bastan para marcar la diferencia. La sostenibilidad nos afecta a todos y tiene un componente económico innegable: necesita muchos recursos para poderse implantar.

“Las soluciones medioambientales en esencia son económicas, así que es un problema com-partido,” Stephen Fitzgerald, cofundador de Affirmative Investment Management.

Affirmative Investment Management es la primera empresa de gestión de fondos de inversión ecológicos del mundo. Cada vez hay más empresas que se toman en serio el cambio climático y reducen sus efectos sobre el medio ambiente. Desde las normas UNFCCC e ISO hasta la iniciativa por una impresión sostenible Sustainable Green Printing Partnership de EE.UU., pasando por varios índices de proyectos ecológicos más pequeños, cada vez se es más consciente de que la gestión medioambiental es  responsabilidad de todos y una necesidad del planeta.

Imprimir en cualquier parte

La sostenibilidad medioambiental no es un asunto sencillo, pero el sector de la impresión puede influir de manera decisiva. La industria es sostenible no sólo porque use recursos renovables. El derrumbe de los mercados de impresión tradicional ha obligado a las empresas a reestructurarse y reinventarse. Los impresores han automatizado y optimizado los procesos, han reducido las mermas y el exceso de emisiones. En todos los segmentos y territorios, la necesidad de sobrevivir ha obligado a aplicar procesos de producción ajustada y eficaz basados en la automatización y la estandarización. Normas como la ISO 12647 han surgido para contribuir a controlar los procesos y tener una producción basada en datos, con la consiguiente reducción de las mermas. Con una producción automatizada y estandarizada, es posible controlar la calidad del color y el consumo de tinta en distintos soportes y para la impresión digital. Gracias a la tecnología, las normas y los conocimientos del impresor, los clientes tienen la tranquilidad de saber que los colores serán precisos en todos los ejemplares impresos, ya sean lonas de edificios, pancartas, etiquetas de productos, envases o embalajes. Además, esta eficacia disminuye las emisiones y los residuos, lo que mejora la sostenibilidad tanto medioambiental como comercial.

Los envases y las etiquetas a la cabeza

Los envases y las etiquetas son quizás los segmentos más punteros en este contexto.

“Un envase sostenible protege el producto, alarga su vida útil y garantiza que el producto sea seguro para el consumo,” Ken MacKenzie, director general de Amcor.

Según la European Organisation for Packaging and the Environment, «los envases deben cumplir una función de capacitación en una economía circular mediante el aprovechamiento de recursos, la reducción de las mermas y el aumento del valor añadido del producto». Los impresores ya invierten teniendo en cuenta el componente sostenible.   

“La sostenibilidad es una parte esencial de nuestros criterios estratégicos al seleccionar a los proveedores tecnológicos, y trabajar con un proveedor como Xeikon en concreto nos ha permitido invertir en una plataforma sabiendo que la sostenibilidad es clave tanto para ellos  como para nosotros,” dr. Adrian Steele, director general de Mercian Labels.

La calidad del color transmite los valores de la marca, así como sus mensajes respecto a la sostenibilidad. La velocidad es esencial en la producción de envases y etiquetas para los bienes de consumo rápido. Según SmileyColor, una consultora estadounidense especializada en el sector del packaging, cada día de retraso en la colocación de un producto en la estantería le cuesta a la marca 100.000 dólares, así que la eficacia y el control de procesos son vitales. Aun así, el equilibrio entre la rentabilidad y la sostenibilidad y el control de mermas es delicado.

Soluciones

A pesar del alcance y la complejidad de este equilibrio, la industria de los envases está actuando al respecto. Un ejemplo ambicioso es el de la Carlsberg Circular Community (CCC). Entre otras actividades, esta alianza entre la marca de cerveza y sus proveedores internacionales desarrolla materiales de envasado pensados para reciclarse y reutilizarse. En la actualidad, se está desarrollando la botella de fibra ecológica, un envase biodegradable y biótico compuesto principalmente de fibra de madera procedente de fuentes sostenibles.

“Con alianzas estratégicas como esta, nuestras actividades de sostenibilidad tienen un alcance mucho mayor. Nos encanta cada vez que un socio potencial muestra interés por unirse a la comunidad. Juntos podemos cambiar las cosas, y de forma más duradera,” Simon Boas Hoffmeyer, director de sostenibilidad de Carlsberg Group.

La botella de fibra ecológica puede ser una oportunidad para los impresores de envases más innovadores: “Ahora mismo no tenemos ningún proveedor relacionado con la impresión en la comunidad CCC, pero estamos abiertos a propuestas.”

Dinero y legislación  

La inversión en alternativas sostenibles es un asunto cada vez más importante para gobiernos, inversores y clientes. Stephen Fitzgerald forma parte de la junta de dirección del fondo soberano de inversión creado por el gobierno australiano para garantizar las pensiones. «Los gobiernos deben darse cuenta de que es necesario que actuemos para proteger el medio ambiente, ya que es un problema de todos. Tenemos que asumir nuestra responsabilidad y actuar para cambiar las cosas», afirma Fitzgerald.

Es un asunto complicado, pero hay señales esperanzadoras. Según la consultora McKinsey, la sostenibilidad es un aspecto fundamental para el 70% de los consejeros delegados. Freddie Woolfe, director de compromiso corporativo de Hermes Investment Management quiere que «las empresas se comprometan en firme a reducir la deforestación eliminando prácticas insostenibles de sus cadenas de suministro». Según Fitzgerald, “tenemos que obtener beneficios, claro está, pero todo lo que hacemos tiene también un componente medioambiental, social y de gobernanza.”

El control de las emisiones al entorno, el agua y la tierra, así como la normativa sobre sustancias químicas, afectan a todas las industrias, incluida la de las artes gráficas. En EE.UU., la legislación medioambiental se vuelve más rigurosa en muchos estados, mientras que, desde el gobierno federal, se controlan cada vez más los alternadores. En China, se están elaborando leyes más estrictas, pero en general hay mucha incoherencia a escala internacional. Según Fitzgerald, “eso no influye en Australia, pero sí en Alemania o Escandinavia.” También existen muchas diferencias en los mercados. “La preocupación por la sostenibilidad depende de cada cliente: para algunos, es un factor importante del proceso de auditoría y selección de proveedores, mientras que a otros no les interesa,” dice el doctor Steele. “El mercado no nos ha obligado a adoptar ningún sistema de gestión medioambiental en concreto, así que seguimos la legislación al respecto a través de recursos en línea,” agrega.

En mayor o menor medida según el territorio, la normativa restringe la composición de los soportes, las tintas y los consumibles, y regula el tratamiento de los residuos. En el Reino Unido, por ejemplo, las empresas que manejan más de cincuenta toneladas de packaging al año están obligadas a recuperar y reciclar los residuos de los envases. En Gran Bretaña y en el resto de países, los impresores que usan productos químicos que lleven compuestos orgánicos volátiles (COV) deben cumplir normas más o menos exigentes para proteger la salud, garantizar la seguridad y evitar la contaminación. Por su parte, los fabricantes de tintas deben seguir varias normativas sobre sustancias químicas, sobre todo en el caso de las tintas que se usan en envases de bienes perecederos. Las tintas de baja migración son fundamentales y las fórmulas no pueden comprometer el material sobre el que se imprimen las tintas ni el contenido del envase.

Prácticas estándares

El informe ISO 17098 sobre sustancias y materiales que pueden impedir el reciclaje es una de las muchas herramientas útiles. Normas como la ISO 14001 (sistemas de gestión ambiental) y la ISO 16759 (cálculo de la huella de carbono de la impresión) ayudan a los impresores a apoyar los compromisos medioambientales asumidos por los clientes, que pueden ser muy ambiciosos. Según Jamie Lawrence, consultor especialista en sostenibilidad, Kingfisher, un conglomerado de empresas del sector minorista, quiere que “en 2020, los suministros de madera y papel de todas sus divisiones procedan de proveedores que sigan políticas soste-nibles”. Así, Kingfisher quiere que los proveedores cumplan leyes medioambientales como el Lacey Act de EE.UU., el Reglamento sobre madera y las Restricciones a la utilización de determinadas sustancias peligrosas (II) de la UE, entre otras.

No obstante, nada cambiará si los clientes no reman en la misma dirección sostenible. Las marcas pueden contribuir a reducir la dependencia de las materias primas, lo que fomentaría la innovación en los materiales de las etiquetas y los procesos de impresión. El mercado y la economía determinan la sostenibilidad en la impresión, así que el mayor reto es la relación entre las prioridades comerciales, prácticas y ecológicas.

Esta dinámica influye en todos los aspectos de las cadenas de suministro de los soportes impresos, por lo que se necesita motivación y recursos para cambiarla. Modificar los efectos sobre el medio ambiente de la impresión exige comprometerse con unos objetivos comerciales, prácticos y sostenibles, así como articularlos de manera clara.

La manera como los impresores concilian estos objetivos es subjetiva. Deben producir artículos en un entorno de trabajo cohesionado, sostenible y al mismo tiempo rentable. El desarrollo de normas y modelos de producción sostenibles supone un desafío enorme para las cadenas de suministro de la impresión. Un desafío que el sector está preparado para superar.

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