EL DISEÑO COMO FACTOR DE INNOVACIÓN EN LA EMPRESA

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Este artículo fue desarrollado en base al Proyecto TID Transferencia Innovación Diseño, desarrollado por la Facultad de Diseño de la Universidad del Desarrollo, gracias a la adjudicación del Fondo de Innovación para la Competitividad Gobierno Regional, Región del Bío Bío. 

Autora:  Paulina Contreras Correa, directora investigación de la Facultad de Diseño y directora del proyecto TID

Hoy vivimos la llamada “Revolución de la información”, la cual trae consigo el quiebre de muchos paradigmas y el establecimiento de nuevos estándares acerca de lo que entendemos por necesidades básicas, calidad de vida, productos y servicios, inmediatez y velocidad. Los importantes avances en telecomunicaciones, transportes, electricidad y las tecnologías de la información en general, junto al fenómeno de la Aldea Global, ha obligado a las empresas a cambiar sus estructuras organizacionales para dar frente a las nuevas exigencias del mercado (Lev & Hand, 2003). En este contexto aparece el valor de lo intangible como diferenciador, donde lo inmaterial cobra un valor enorme para la competitividad y el capital humano preparado para innovar representa la base de construcción de estos nuevos activos.

Pero, ¿El sector productivo considera el diseño como parte de su estrategia para afrontar las nuevas exigencias del mercado? ¿Nuestro país reconoce al diseñador como parte del capital humano preparado para innovar?.

Organizaciones gubernamentales de países desarrollados, conscientes que la gestión del diseño es parte de los factores que aportan a la innovación y competitividad de un país, han generado herramientas, planes y mediciones que fundamentan su lugar en la economía, y reconocen el rol del diseñador. Así también, en países con economías emergentes, se están desarrollando acciones para incorporar la disciplina del diseño en el ámbito productivo.

The Danish Design Centre (DesignLadder) (2001), con su herramienta “escalera del diseño” revela que al interior de las empresas, un mejor posicionamiento del diseño está asociado a mayor crecimiento en utilidades y un claro efecto positivo en las exportaciones. The Economic Effects of Design – National Agency of Enterprise and Housing (Dinamarca, 2003) explica por qué compañías que experimentaron un aumento en el uso de diseño como herramienta, lograron un 40% adicional de ingresos comparadas con empresas que mantuvieron o disminuyeron el uso de diseño, existiendo una correlación positiva entre el diseño y empleabilidad, donde la creación de puestos de trabajo es más alto en compañías que contrataron servicios de diseño frente a las que no lo hicieron. La encuesta reveló que un 50% de las empresas no incorporan el diseño en su gestión, mientras que sólo un 6% posee una base sólida en diseño, exponiendo el tremendo potencial de mercado para incorporar  diseño en la actividad empresarial.

El Estudio del impacto económico del diseño en España – Sociedad Estatal para el desarrollo del diseño y la innovación (España, 2005) indica que cerca del 70% de las empresas afirma tener en cuenta, de alguna manera, el diseño en su estrategia. Un 62,5% percibe y emplea el diseño para mejorar la imagen externa de la empresa, mientras que solo un 19,6% ve al diseño como un proceso creativo que permite desarrollar nuevas ideas empresariales. Las empresas que más crecen son las que ven una relación más estrecha entre inversión en diseño e incremento en la facturación. De acuerdo a lo indicado por DesignLadder, un 14% de las empresas españolas se encuentran en el “no diseño”, mientras que un 28% incorpora al diseño como herramienta de gestión estratégica.

A nivel sudamericano, “Diseño en la Argentina. Estudio del impacto económico – Instituto Nacional de Tecnología Industrial”(Argentina, 2008) expone que entre los factores que afectan el crecimiento de ventas, se atribuye una importancia elevada a la gestión de la calidad (76%) y al diseño de los productos (59%). Un 55% de las empresas declaran que el diseño tiene un elevado incremento en la facturación, y un 43% un elevado impacto en la apertura de nuevos mercados. A su vez, el 17% de las empresas declara utilizar habitualmente servicios externos de diseño, frente a un 40% que declara no utilizarlo.

¿CÓMO  SE ESTÁ AFRONTANDO ESTE DESAFÍO EN CHILE?

Según The Global Innovation Index (2016), Chile ocupa el lugar 42 en el ranking general de innovación mundial y el 1º lugar en el ranking en innovación a nivel latinoamericano. Según el GEM Global (2015), Chile se encuentra en la fase de desarrollo económico con foco en la eficiencia, donde la fase siguiente es la innovación, tendencia predominante en economías desarrolladas.

La Agenda de Innovación y Competitividad Chile 2010-2020 (2010) indica que si bien en Chile existe una creciente valoración de la innovación y se declara que existen desafíos sectoriales para innovar en los sectores exportadores basados en recursos naturales: “[…] dos terceras partes de las empresas reconocen que no han realizado ningún tipo de innovación (producto, proceso, marketing, diseño o gestión)”. Por otro lado, en las Orientaciones Estratégicas para la Innovación. Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (2013) se abordan temáticas como la necesidad de educar para el diseño y el emprendimiento, la emergencia del diseñador y el emprendedor, y el rol central del diseño en la creación de innovación en el escenario de la nueva economía. En la misma línea, el Mapeo de las industrias creativas en Chile (2014), hace mención que el diseño “[…] se ha expandido adquiriendo múltiples expresiones creativas y penetrando como un elemento sustancial en la producción de diversos sectores económicos”. Por lo que, actualmente, en el contexto de la industria creativa nacional, el diseño “[…] es uno de los sectores que más nítidamente permite visibilizar su funcionamiento como industria”. A su vez, en Chile Creativo (2016) se declara el diseño como el subsector más competitivo de las industrias creativas, priorizado para el programa estratégico nacional de especialización inteligente para la competitividad-diseño, planteando como lineamientos estratégicos para el diseño las necesidades de ampliación de mercado, información, articulación, capital humano, financiamiento y sostenibilidad.

Por su parte, el libro “Diseño de Productos Chile. Nuevos Creativos Chilenos”(2016) expone hitos relevantes para el diseño nacional como la creación de la Coordinación Nacional de Diseño liderada por Manuel Figueroa por parte de la CNCA, dando el primer espacio formal e institucional al diseño, abriendo una línea especial para el diseño en el concurso FONDART y articulando a otras entidades del Estado como PROCHILE, DIRAC y Ministerio de Economía, los cuales han aportado recursos importantes a la hora de proyectar internacionalmente las marcas y estudios de diseño.

Así también, la publicación de Chile Diseño “Motor de transformación” (2015), abre conversaciones sobre el rol estratégico del diseño, y cómo se puede convertir en una herramienta para impactar y potenciar su aporte en cuatro sectores económicos del país: agroindustria, educación, retail y salud, intercambiando ideas y experiencias en torno al diseño como un factor clave para impulsar un avance en estos rubros y reconociendo que “transitamos hacia una era de transformación, donde el éxito de los productos, servicios y organizaciones depende cada vez más del valor agregado por el diseño”. La Asociación Chilena de Diseño está desarrollando acciones para reunir el diseño nacional en una red de colaboración, buscando posicionarlo como un factor clave en el crecimiento económico y social de Chile. La publicación “Un Sueño Compartido para el Futuro de Chile. Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo” (2015), plantea la necesidad de fomentar que la sociedad comprenda, valore y participe de la Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Y a través de las CTI, potenciar el desarrollo de regiones y territorios aprovechando la diversidad de Chile.

DISEÑO DESDE LAS OPORTUNIDADES DE CADA REGIÓN

La disparidad económica y social existente entre regiones, requiere abordar el desafío de incorporar el diseño desde la comprensión de su contexto local. Katherine Mollenhauer (201xx) propone un sistema de innovación basado en la red de valor, con un diseño orientado a la gestión del patrimonio territorial como activo para el desarrollo de las micro y pequeñas empresas. Así también, Jimena Alarcón implementó la articulación de una red de valor territorial para potenciar la contribución del diseño en la matriz productiva regional del Biobío, visibilizando una red de valor territorial que evidencia la oferta de productos y servicios de diseño, favoreciendo la asociatividad y posicionando a la Región como centro competitivo con proyección internacional.

La Región del Biobío es un referente de oportunidades para el diseño. La Región es un territorio altamente industrializado, participa del 9-10% del PIB nacional, es responsable de aproximadamente del 9% de las exportaciones chilenas y es el segundo centro industrial de Chile, después de Santiago. Posee una amplia base de sectores productivos, siendo una de las regiones del país más diversificadas en su estructura productiva (OCDE, 2009). El 60% de lo producido en la región se exporta, siendo la región con mayor grado de apertura y vinculación con mercados internacionales, lo que conlleva a un tipo de desarrollo económico importante para Chile, pero centrado en la explotación de materias primas.

La Región es una fuente de recursos forestales, agropecuarios y pesqueros, concentrando el 28% de la superficie nacional dedicada a cultivos, con una diversidad de actividades silvoagropecuarias y condiciones agroecológicas favorables para el desarrollo de productos hortofrutícolas y orgánicos, propiciando una interesante actividad vitivinícola local. Además, posee un sector pesquero acuícola industrial que registra un total de 120 empresas exportadoras de Productos del Mar. Y destaca frente al país, por una creciente actividad agroindustrial exportadora y un aumento en infraestructura para su procesamiento. (ODEPA, MINAGRI, PROCHILE, CORFO, PLATAFORMA LOGÍSTICA CHILE).

Frente a este escenario, se presentan grandes desafíos para la región, con planes sectoriales que apuntan a la diversificación de la oferta exportable, agregar valor a sus productos y desarrollar innovaciones que permitan competir con éxito en los mercados internacionales (PROCHILE). Así también, el Comité de Desarrollo Productivo Regional del Biobío tiene entre sus objetivos incrementar la capacidad innovadora y la competitividad del tejido empresarial de la Región del Biobío, en especial de sus pequeñas y medianas empresas promoviendo la agregación de valor y diversificación en estas exportaciones.

El Informe Biobío, CNCA (2015) expone que la región cuenta, además, con un desarrollo económico que supera la mera exportación de recursos naturales, pues se potencia con la industria y los servicios. Sin embargo, evidencia una baja capacidad de innovar por parte de las Pymes. La Estrategia Regional de Innovación 2012-2016, expone una orientación hacia la reducción de brechas centrada en las Pymes, declarando que éstas poseen potencia tecnológica limitada, lo cual dificulta las actividades de I+D en este sector. Complementariamente, se hace mención a su falta de capacidades tecnológicas e insuficiencia de su gestión de innovación, valorando “[…] las nuevas formas de innovación, el estímulo a la creatividad, y la concepción de diseño (design thinking)”.

Es aquí donde el diseño presenta un potencial no explotado como herramienta estratégica para liderar procesos interdisciplinarios de innovación en la industria chilena, y aportar a la descomoditización, ampliando la oferta de productos, servicios y experiencias para acceder a los exigentes mercados internacionales.

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